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Enero 2025- Reyes de ÉBANO

 




                                      

- A medida que el sol se retiraba tras el horizonte, la melodía de los pastores brotaba alegremente alrededor de las hogueras danzantes. Desde lo alto de una colina, una luz resplandecía, imperturbable, guiando el camino de tres  Reyes que avanzaban en la serena noche del desierto. Montaban majestuosos camellos que se movían blandos y tranquilos bajo las estrellas brillantes que adornaban el cielo nocturno. 

Los ricos mantos púrpura con que se cubrían, en uno solo, al soplo de los vientos parecían fundirse. Sus servidores, guiaban a los camellos. En fila, los Reyes avanzaban. Apenas llegaron a las puertas de la ciudad, los camellos se arrodillaron, los Reyes descendieron de sus monteras. Despojándose de las coronas, se postraron en el suelo. 

 "¡ Es llegando el término de nuestra jornada!" exclamó Baltasar, con una voz resonante que se perdió en la noche.

 "¡ Adoremos al que nació Rey de Israel !" agregó Melchor, sintiendo la grandeza del momento.

 Y Gaspar con fervor proclamó: "¡ Los ojos te verán y todo será purificado en nosotros !".

Los Reyes, volvieron a montar en sus camellos y avanzaron muy decididos hacia la ciudad. Con valor entraron por la Puerta Romana y siguiendo solo el fulgor de las estrellas, llegaron finalmente al establo donde había nacido el niño tan esperado. Los servidores de los Reyes, ajenos a la grandeza del momento y a la esencia del evento sagrado, alzaron la voz con rudeza: "¡ Abrid !...¡ Abrid la puerta a nuestros señores !" clamaron de manera desentonada.

Los tres Reyes, inclinados sobre los *arzones, se dirigieron a ellos en susurros: "¡ Cuidado de no despertar al niño !".

Movidos por un temeroso respeto, estos hombres permanecieron en silencio. Fuera, los camellos, que esperaban pacientemente, golpeaban levemente el suelo con sus pezuñas. Y, como si las estrellas respondieran a su llamado, la puerta de viejo y oloroso cedro se abrió, dejando al descubierto un anciano de calva sien y barba nevada. En su cabeza temblaba una aureola dorada, encaramando su rostro. Vestía una túnica azul, adornada con estrellas que evocaban el cielo de Arabia en noches serenas, y los colores de su manto, el mar de Egipto en sus profundidades semejaba. Su *báculo dorado, florecido en tres lirios de plata, era símbolo de su sabiduría.
Al encontrarse en su presencia, los tres Reyes se inclinaron con reverencia. Con el candor de un niño, el anciano les sonrió y, con alegría serena, les dijo: "¡ Pasad !"
Estos tres  antiguos astrónomos, hombres gentiles, venidos de un rico continente cercano, volvieron a inclinar sus frentes, y con delicadeza cruzaron sus manos sobre el pecho y movieron sus purpurados mantos. Al entrar en el establo, el sonido armonioso de sus sandalias bordadas de oro resonaron leves. El niño, que dormía en un pesebre, sonreía y sus pestañas temblaban bajo la luz, mientras, su padre y su madre lo contemplaban con infinita devoción. 
Los Reyes se postraron ante él y besaron sus pequeños pies, luego se levantaron y volviendo a sus camellos, regresaron con costosos obsequios: oro, incienso y mirra. "¡ A adorarte venimos !" dijo Gaspar
               "¡ Hemos encontrado al salvador !" proclamó Melchor, presentando el incienso con un brillo en los ojos.
               "¡ Bienaventurados podemos llamarnos entre todos los nacidos !" exclamó Baltasar al ofrecer la mirra.
Y allí despojándose de sus coronas , las dejaron a los pies del niño. La luz que envolvió sus frentes tostadas, marcadas por el sol y los vientos del desierto, se transformó. La huella que dejaron en sus frentes, un hermoso cerco de pedrería, se convirtió en una corona  aún más brillante que las que portaban. Y al unísono repitieron, casi como un cántico celestial: "¡ Este es !...¡ Nosotros hemos visto su estrella !"

      
Bajo el amigable sol que iluminaba los montes, los aldeanos comenzaban su día. Un pastor guiaba sus carneras hacia las praderas de Gamalea; mujeres cantando regresaban del pozo de Efraín, con las ánforas llenas; un viejo, fatigado picaba la yunta de sus vacas. 
Los tres Reyes, con su piel de ébano brillante como la noche estrellada, hicieron arrodillar a sus camellos, se cubrieron con sus mantos púrpura y se dispusieron a partir. Ya en sueños, su camino se les reveló diseñado. Así, ajenos  a todo temor y con los corazones llenos de alegría y esperanza, siguieron con su marcha hacia tierras muy lejanas. 
La celebración seguía flotando en el aire con cánticos de unidad, de fortaleza y de amor, recordando a todos que la Luz de este niño recién nacido en Belén traía paz al mundo sin importar adversidades.-




    Versión Recreada sobre el relato: "La Adoración de los Reyes Magos"- perteneciente a Jardín umbrío (3° edición 1920) del dramaturgo, poeta y novelista español Ramón María del Valle-Inclán, (1866-1936)


                                                


                                                                                 Susana Llerena
                                                                                                                       Enero 2025

                                                                                                                              

 Vocabulario: R.A.E -Real Academia Española-

arzones:masc.plur.-Parte delantera o trasera que une los dos brazos longitudinales del fuste de una silla de montar.

báculo: masc.-Palo o cayado que se usa para sostenerse.

carneras: fem. plur.-La hembra del carnero.

                                                            




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